Altozano · Triana · 1928

Historia de la Capilla

En el encuentro entre el Puente de Isabel II, la plaza del Altozano y el Guadalquivir se levanta uno de los edificios más reconocibles de Triana: la Capilla de Nuestra Señora del Carmen, conocida popularmente como la Capillita del Puente.

Capilla de Nuestra Señora del Carmen del Puente de Triana

Un símbolo de Triana

La Capillita del Carmen, faro espiritual de Triana

De reducidas dimensiones, pero de extraordinaria personalidad, la capilla forma parte inseparable del paisaje urbano y sentimental de Sevilla.

Su silueta de ladrillo visto, cerámica y torre campanario constituye un ejemplo singular de la arquitectura regionalista sevillana y un testimonio material de la devoción de Triana a la Virgen del Carmen.

El origen

De la antigua capilla a un nuevo proyecto

La historia de la capilla actual comienza con la transformación del entorno del Puente de Triana. La ampliación de los accesos hizo necesaria la desaparición de la pequeña capilla anterior y la pintura de la Virgen fue trasladada provisionalmente a la parroquia de Santa Ana.

En 1924 se proyectó un nuevo edificio que permitiera restablecer el culto en su entorno histórico. La iniciativa contó con el impulso del benefactor trianero Manuel Carriedo, quien promovió el proyecto y sufragó su coste.

El diseño fue encargado al arquitecto sevillano Aníbal González Álvarez-Ossorio, una de las grandes figuras del regionalismo andaluz.

1928

Nace la Capillita del Puente

La nueva capilla quedó concluida en 1928, el mismo año en que se constituyó canónicamente la Hermandad.

El 27 de julio se formalizó la entrega material del edificio y al día siguiente quedó aprobada canónicamente la corporación. El regreso de la pintura de Nuestra Señora del Carmen desde Santa Ana fue celebrado con una solemne procesión en la que participaron hermandades y vecinos del barrio.

La Capillita recuperaba así su función como lugar de culto y se convertía en el centro de una nueva etapa de la devoción carmelitana junto al Puente de Triana.

Arquitectura · Cerámica

Una joya del regionalismo sevillano

El edificio está compuesto por la capilla y una esbelta torre campanario de planta octogonal, articuladas mediante un cuerpo intermedio.

El ladrillo visto aporta carácter al conjunto, mientras que la cerámica vidriada, la cúpula revestida de azulejos y sus elementos ornamentales reflejan la tradición artesanal de Triana.

En su remate aparece un pequeño templete con las imágenes de las santas Justa y Rufina. La singularidad de la construcción y su peculiar silueta hicieron que popularmente recibiera también el sobrenombre de «el Mechero».

Detalles con historia

La veleta y las campanas

Entre los elementos más singulares de la Capillita se encuentra su histórica veleta, vinculada por la tradición al personaje popular conocido como Marchena, un antiguo sereno trianero.

La torre cuenta además con cuatro campanas dedicadas a Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de la O, Santa Ana y las santas Justa y Rufina, nombres que reflejan algunos de los vínculos históricos y devocionales del barrio.

Conservar el legado

La restauración de un símbolo

La Capillita ha atravesado diferentes momentos de transformación y dificultad. En 1974 llegó a encontrarse amenazada por los proyectos que afectaban al puente y, tras años de deterioro, fue objeto de una importante restauración culminada en 1993.

Ese mismo año, el Ayuntamiento de Sevilla adquirió a los herederos de Aníbal González el proyecto arquitectónico original, fechado en diciembre de 1924.

La conservación del edificio y de los bienes que custodia continúa siendo una responsabilidad esencial. En 2024, la restauración de la pintura de Nuestra Señora del Carmen permitió asegurar su estabilidad y profundizar en el conocimiento de su historia material.

Historia · Arte · Fe

Un lugar abierto a la devoción

La Capillita del Carmen continúa siendo un lugar de encuentro y oración en medio de la vida cotidiana de Triana. Desde el Altozano contempla el paso de vecinos y visitantes, el movimiento del puente y las aguas del Guadalquivir.

Su reja permite acercarse a la Virgen y mantener vivo un vínculo que atraviesa generaciones, convirtiendo este pequeño santuario en un punto de encuentro entre historia, arte y fe.

Casi un siglo después de su construcción, la Capillita sigue siendo la casa histórica de una devoción, un emblema de Triana y un legado llamado a ser conservado y transmitido.

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